Archivos Mayo 2009
Si hay una persona comprometida, humana y científicamente, en el trabajo con las personas con TEA y en especial con Síndrome de Asperger, esa es Maricarmen Aguilera, fundadora y directora del Centro Leo Kanner de Chile y autora del libro Asperger: un pensar diferente.Muchas veces solemos mirar (con razones diversas) propuestas de inclusión, tratamiento y comprensión del Asperger, que viene de realidades totalmente distintas a la nuestra. Este texto presenta un valioso testimonio del trabajo realizado por Maricarmen Aguilera y su equipo en un contexto similar al contexto urbano nuestro.
Hilde de Clercq, estudiosa y madre de un niño autista, es una de las voces más autorizadas en el tema. Ha escrito un libro fundamental sobre "el pensamiento" en detalles" de los niños con TEA: Mamá, ¿eso es un ser humano o un animal?Las madres fueron objeto (y aún, lamentablemente, dentro de la ignorancia, lo son) de culpas sin sentido respecto del autismo: conceptos como "madres frigoríficas" o "doble vínculo", fueron esgrimidos por algunas escuelas y teóricos de la psicología y del psicoanálisis para explicar que la madre "provocaba" el autismo de su hijo y que éste era un "transtorno en el vínculo madre e hijo".
Nada más injusto, falso y a-científico.
Hacia Febrero de 1998 el gastroenterólogo británico Andrew Wakefield, en una conferencia de prensa en el Royal Free Hospital de Londres, anunció las conclusiones de un estudio sobre la Vacuna Triple Viral (sarampión, rubeola y paperas, conocida como la MMR por sus siglas en inglés): había descubierto, junto a sus colegas, un síndrome que aparecía 6 días luego de la vacunación desarrollando una grave inflamación intestinal. Esto había sido cotejado en 8 de los 12 niños con los que contaba la muestra de su estudio.
Ese mismo día la revista The Lancet publicaba un artículo de Wakefield sobre el tema.
Lo que habría de causar revuelo sería un punto específico del estudio: 9 de los niños del estudio sufrían de autismo, el cual se había presentado entre 1 y 14 días luego de la vacunación. Según Wakefield la vacuna (especialmente la del sarampión) dañaba el intestino permitiendo que proteínas nocivas ingresasen al torrente sanguíneo, accediesen al cerebro provocando un daño neuronal que, como consecuencia, producía el autismo.

